jSharing - JA Teline III

Cuando el 2 de junio de 1946, el 86% de los trentinos votó a favor de la República y en contra de la Monarquía (a los sudtiroleses, en aquella ocasión, no les fue concedido el derecho al voto), no sólo se dio una situación inédita en toda Italia, no sólo se dio la particularidad que nuestra provincia se distinguiera de las demás provincias vecinas (pienso en el caso de Verona, donde hubo una disputa “cabeza a cabeza” entre la Monarquía y la República), sino que en ese plebiscito se produjo una clarísima e inequívoca decisión en contra del centralismo y a favor de la Autonomía integral, con una visión moderna y europeísta.

El Trentino pasó a ser parte de Italia en 1919. No lo fue en 1861.

Piazza Duomo¿Pero sabemos realmente qué Italia fue la que acogió al Trentino? Por más de veinte años, la Italia conocida por los trentinos (y aún más, por los sudtiroleses) fue una Italia que no dejó nada –pero realmente nada– que podamos rescatar: arrogante y centralista, violenta y represiva, que se apropió de este territorio como un botín de guerra e intentó borrar cualquier mínima huella de una historia secular.

Fue una Italia que obligó a los sudtiroleses a borrar su propia identidad, que prohibió a un pueblo el uso de su propia lengua, que destruyó determinados monumentos e impuso otros, que obligó a la gente a “italianizar” sus propios apellidos a cambio de un pedazo de pan, que se vengó de estos pueblos cuya culpa era la de ser considerados “pro-austríacos y antinacionales”, culpables de reivindicar su propia historia, su cultura, hábitos y tradiciones que llevaban internalizadas desde la noche de los tiempos (situación que debió avergonzar a los Saboya).

De todos modos, el verdadero punto de inflexión estuvo marcado, para los Trentinos, por la secuencia histórica que tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial: el nacimiento de la República y el Acuerdo Degasperi-Grüber (1946), la sanción de la Constitución con el reconocimiento de las regiones que gozan de un Estatuto de autonomía (1948) y el primer Estatuto de Autonomía del Trentino-Alto Adige (1948).

Podemos decir que sólo en esos años el Trentino comenzó a formar parte de un Estado digno de recibir ese nombre y –permítaseme decirlo– de albergar en su seno historias y culturas antiquísimas, no menos dignas de aquellas que ya estaban integradas al Estado unitario italiano. La historia y cultura de las poblaciones del Tirol histórico, ancladas desde hacia siglos al espíritu europeo. Piensen, por ejemplo, a otras historias como la de la Cerdeña: ¿quién nos la enseña? Parece que sólo les interesa que conozcamos sólo la historia garibaldina…

Es bien cierto que en dos ocasiones –en 1918/19 y en 1945/46– ni los trentinos ni los sudtiroleses pudieron ejercer el derecho fundamental a la autodeterminación y, evidentemente, todos saben el porqué de esta situación.

Sólo después de 1945 se puede decir que comienza la  historia del Trentino dentro de una Italia verdaderamente digna de ese nombra, fundada en la democracia y no en la monarquía.

Piazza DuomoNo fue casualidad que en este último período la libertad y la voluntad de los trentinos se expresara a través de las luchas populares de la ASAR (Asociación de Estudios Autonomistas para la Autonomía Regional), con 110.000 inscriptos, y a través de la extraordinaria personalidad de Alcide Degasperi.

Creo, entonces, que valorizar la Constitución, la República y la Autonomía es el mejor modo de echar un poco de luz en la actual fase de confusión en la que se corre el riesgo de incluir en la historia de los 150 años de la unidad italiana (homologándola en un único contenedor en el que el bien y el mal se anulan y se pueden crear verdaderas falsedades históricas) las experiencias y los personajes por los cuales vale la pena sentirse orgullosos de ser italianos, junto con otras experiencias anteriores de las que debemos sentir vergüenza (pienso a la gran responsabilidad de la Casa Saboya y del fascismo en la “limpieza étnica” ejercida contra las minorías lingüísticas –en primer lugar, la minoría alemana y la eslovena– durante el Ventenio (1920-1943), así como las “leyes raciales” y los crímenes de guerra del ejército italiano que estuvo al lado de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Tampoco podemos olvidarnos de los atentados impunes y del hecho que hoy una parte del país esté fuera del control del Estado y en manos de la mafia, la primera gran “industria” italiana gracias a la cual se priva cada año miles de millones de euros al Fisco y que hacen que una parte del país carezca de una verdadera democracia, ya que el voto, el poder y la administración están a merced de la criminalidad organizada y armada. A pesar de ello, nos sentimos lo suficientemente seguros de poder “exportar la democracia” en otros países… Y evito referirme al presente.

Tiene razón, por lo tanto, Ugo Rossi (asesor de la PAT para la Salud y líder del Partido Autonomista Trentino Tirolés -PATT-) cuando dice que la verdadera fiesta de los trentinos es el 2 de junio, la Fiesta de la República, la Fiesta de la Constitución y de sus valores, la Fiesta de la Autonomía entendida como la mayor expresión de democracia directa.

Esta ha sido una de las pocas lúcidas y serias observaciones, dignas de tal nombre, en medio del fastidioso debate de las últimas semanas (“Italia sí, Italia no….”).

El 2 de junio es la verdadera fiesta de esa Italia que ha decidido respetar y amar nuestra tierra y no la de aquella otra Italia que quiso imponer su propia historia y su propia cultura con prepotencia y arrogancia.

Aquel que no respeta nuestra Autonomía está en contra de la Constitución y de la Historia, y está seguramente más cerca del Ventenio fascista que de la República; por lo tanto, merece una “tarjeta roja”….

Tenemos, entonces, el derecho (y el deber) de enseñar a nuestros hijos nuestra historia y exigir que nuestra historia sea respetada a la par de las demás historias y extraordinarias culturas, tantas veces olvidadas, que pueblan este país y constituyen su verdadera riqueza.

Tenemos el derecho y el deber de responder con firmeza, mostrando el orgullo que sentimos por nuestra historia y por nuestra riquísima tradición de autogobierno, frente a quienes hoy vienen a nuestro territorio a acusarnos por los privilegios que el Estado nos ha concedido, casi como diciendo que la Autonomía fue un favor que nos hicieron.

Nosotros, estimados señores, conquistamos la Autonomía y el precio fue muy alto, luego de siglos de libertad durante los cuales, mientras en otras partes quienes comandaban eran los tiranos, nuestra gente se organizó en asambleas públicas para gestionar sus propios bienes y establecer en plena democracia reglas comunes. En sus diversas formas, esta cultura está aún hoy presente en esta parte del país. Y nosotros estamos orgullosos.

No es Italia la que ha concedido la autonomía a esta tierra, sino que es esta tierra la que ha concedido a Italia (país al cual fuimos anexados) la posibilidad de observar modelos de gobierno que, a pesar de todo, son reconocidos como ejemplares y permiten a esta tierra autogobernarse con sus propios recursos, sin sustraer dinero a nadie, a pesar de las bajezas de las cuales se nutre cierta propaganda interesada, incluso en la zona “padana” (…y pensar que en los años 80 el Senatúr Umberto Bossi venía a tomar lecciones de autonomismo al Trentino, a escuchar a Enrico Pruner; y fundaba su “Liga Autonomista Lombarda” declarando la autonomía trentina como su modelo de referencia –esto puede verse en el sitio de la Lega Nord–). Nada sorprende hoy en el Reino del Transformismo y del Oportunismo.

Tenemos el derecho y el deber de tomar como punto de referencia irrenunciable la Constitución Italiana, las leyes fundamentales del Estado, como ideal del cual partir para comprender nuestro rol en la Italia del presente. Es la Italia de la Constitución y de la República la única Italia en la que podemos, debemos y queremos sentirnos reconocidos.

Tenemos, entonces, el derecho y el deber de continuar haciendo de la Autonomía un modelo, no sólo económico sino también político y cultural, en el cual el ciudadano pueda ejercitar mejor su libertad, en una extraordinaria forma de democracia directa.

¡Viva el Trentino! ¡Viva el Sudtirol! ¡Viva la Autonomía!

Prof. Dr. Lorenzo Baratter

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Comentarios 

 
+1 # Ruben 28-03-2011 17:11
Comparto los ideales históricos y de libertad haciendo de la Autonomía, no concedida por Italia, un modelo económico, político y cultural frente a la globalización.
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