Una ilusión que se convirtió en realidad
Testimonio de Cristina Beatriz Oss Emer
El 28 de diciembre de 1949, mi papá, Remo Oss Emer, llegaba a la Argentina a bordo de la nave San Giorgio. Solamente tenía 25 años de los cuales 2 habían sido vividos como prisionero de guerra en Alemania.
En aquellos años Italia estaba devastada por los estragos que había dejado la guerra; había poco trabajo y era muy difícil conseguir uno para mantener una familia compuesta por una mamá viuda y cinco hermanos.
Era necesario encontrar una solución y fue entonces que decidió viajar a la Argentina con el sólo propósito de trabajar para ayudar a su familia, y sólo tenía 25 años……………
De Argentina conocía muy pocas cosas. Sabía que era un país lejano donde se hablaba un idioma diferente, pero llegó con la esperanza de ser bien recibido. Y así fue. El nuevo país lo recibió con los brazos abiertos y se convirtió en su segunda tierra.
De todos modos el futuro aún era incierto. ¿Encontraría aquí la solución que tanto anhelaba?
Sólo sabía lo que había dejado en su tierra; su familia, sus costumbres y sus montañas. Del recuerdo de sus montañas jamás se pudo separar, como tampoco del recuerdo de los años vividos en el Castillo de Pergine donde su papá trabajó durante 16 años.
Comenzó a trabajar como albañil y con mucho sacrificio, posteriormente, consiguió hacerlo en forma independiente.
En 1951 conoció a mi mamá, Esther Raccuglia, con quien, luego de un breve noviazgo se casó (el 26 de julio de l952).
Después llegaron los hijos…………Mi hermano Ángel en l953, y yo, Cristina en 1958.
Así sin proponérselo de antemano, formó su propia familia y echó raíces.
Los primeros años fueron duros, pero con mucho sacrificio y trabajo ambos construyeron nuestra casa y nos brindaron una vida modesta y sencilla sin que jamás nos faltara nada ni material ni afectivo.
La primera vez que mi papá volvió a Italia, junto a mi mamá, ya habían pasado 17 años. Sintió que nada le pertenecía. Italia no era la misma, se sentía como un extranjero en su propia tierra y solo el recuerdo de su niñez y adolescencia, vividos entre las montañas en Pergine y Egna, quedaron grabados en su memoria.
Después hubo otros viajes y pudo revivir la alegría del reencuentro con su mamá, sus hermanos y amigos (y las tristezas de las despedidas).
Así pasaron los años………Nosotros, sus hijos, crecimos, estudiamos, nos casamos y los convertimos en abuelos en cinco oportunidades (con Griselda, Gabriela, Laura, Santiago y Federico). Siempre nos acompañaron. En los momentos difíciles nos apuntalaron y en los felices compartieron nuestras alegrías.
En 2005, mientras el Circulo Trentino de Buenos Aires festejaba un nuevo aniversario, mi papá le contó su historia a la periodista trentina Alessandra Centurelli. El último párrafo de ese relato decía:”Si me preguntasen donde quisiera ser sepultado, pediría que fuera allá, en mi Pergine”.
Cuando le pregunté si ese era realmente su deseo me dijo que sólo era una ilusión y comenzó a llorar. Inmediatamente nosotros, su familia, comprendimos que no se trataba solamente de una mera ilusión.
Pasó sus últimos años de vida inmerso en sus recuerdos, leyendo todo lo que encontraba de Trento, sus montañas y su Castillo, tratando de armar el árbol genealógico de nuestra familia.
Falleció a los 84 años el 27 de junio de 2009.
A partir de ese momento su “ilusión” se convirtió para nosotros en una obligación moral y sobre todo en una demostración de amor, por el ejemplo de vida que nos dejó en todos y cada uno.
Con la ayuda desinteresada de las personas que componen el Circulo Trentino de Buenos Aires y la amorosa contención afectiva de familiares y amigos conseguimos superar los engorrosos trámites y convertir esa “ilusión” en una realidad.
A partir del 14 de setiembre de 2010 mi papá descansa entre sus montañas, frente a la Iglesia de Pergine, donde recibió su primera comunión y a los pies de la montaña desde donde se puede ver el imponente Castillo.







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