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Por Ferruccio Bolognani La historia de los hermanos Mario y Cesare Leonardo Brendolise |
Estoy visitando el Frigorífico Regional de Colonia Tirolesa, donde bate fuerte el corazón de Angelo Cantonati y se respira el entusiasmo de los amigos de la nueva Familia Trentina, que con tres tinglados y el enorme terreno, tienen el club trentino más grade del mundo. Ahora que en el Instituto Provincial de Educación Técnica N° 37 se enseña italiano, los jóvenes descendientes de inmigrantes llegados a estas tierras en la década de 1880 pueden enriquecer su cultura y descubrir sus raíces. Durante la cena, preparada por la señora Norma con el perfume y los sabores de la Valsugana, Angelo me cuenta la historia de Mario, quien descubrió ya mayor que era hijo de un inmigrante trentino… Una historia propia del programa “Chi l’ha visto?” de la RAI. Se trata de un reencuentro realmente inesperado. Es la siguiente:
“Hace unos años, en 1976, un tal Mario Brendolise, divorciado de su primera mujer, se trasladó desde Río Cuarto a Capilla del Monte para pedir un certificado de nacimiento, necesario para poder casarse por segunda vez. Para su sorpresa, en el documento –en el que figuraba la fecha de su nacimiento, 23 de agosto de 1934, con el nombre su madre, María, y de su padre, Lino– figuraba el nombre de un tal Cesare Leonardo Brendolise. Seguramente el empleado del Registro Civil había cometido un error, pensó Mario, quien pidió la rectificación de la partida. Sin embargo, un control meticuloso de la documentación del Registro confirmó la existencia de un hermano, nacido antes que él, en 1933.
Al saber de la existencia de su hermano, Mario Brendolise escribió varias veces a Italia en busca de algún pariente que pudiera confirmar la información. Sin embargo, como en la Península existen pueblos homónimos y al no indicar la provincia, posiblemente las cartas se hubiesen perdido. La duda se transformó entonces en curiosidad y, transcurrido un tiempo, Mario decidió ir a buscar a su hermano e intentó reconstruir los recuerdos de su propia infancia con la ayuda de personas ancianas allegadas a su familia.
Así fue como se enteró que, cuando era aun muy pequeño, había sido dado en adopción a la familia de un médico que lo había criado como a un hijo. Una situación similar a la de miles de niños de familias carenciadas, que crecen en hogares sustitutas y pierden el contacto con sus verdaderos padres, a quienes dan por muertos u olvidan para siempre. Él había tenido suerte. Había podido estudiar en la Escuela Aeronáutica de Córdoba y, como técnico en aviación, había recorrido todos los aeropuertos de la Argentina, Israel y Europa, incluida Italia, sin que se le hubiera pasado nunca por la cabeza que, sobrevolando el Trentino en camino hacia Alemania, había visto tantas veces desde lo alto la tierra natal de su padre. Un padre al que no había conocido y del cual no tenía siquiera una fotografía, pero cuya ausencia sentía fuertemente a pesar del paso de los años. Mario se había casado dos veces. Con su primera esposa había tenido cuatro hijos y con la segunda tenía dos. Afectos no le faltaban, pero desde el momento que supo que tenía un hermano, no pudo dormir tranquilo.
Desde Río Cuarto, donde vivía y gozaba de una jubilación a sus 56 años, viajó varias veces a Capilla del Monte, con la certeza que en su ciudad natal encontraría la verdad que estaba buscando. Decidió pasar unas vacaciones en Cosquín, para estar cerca de los lugares donde se había criado. Su padre adoptivo, médico de profesión, nunca le había dicho la verdad sobre su origen y se llevó a la tumba ese secreto. La búsqueda que encaró en ese momento le permitió descubrir que su madre había dado a luz el 23 de agosto de 1934, cuando su padre ya había muerto. Algunos ancianos del lugar recordaron que su papá era un inmigrante italiano que trabajaba como camionero distribuyendo jugos de naranja y cervezas en los restaurantes de la zona.
El 17 de enero de 1934, se había detenido a descansar y a refrescarse a la vera de un lago en las cercanías de La Falda. Por la tarde unos turistas identificaron su cuerpo flotando en el agua. Su mujer, embarazada, todavía estaba dando de lactar al pequeño Cesare Leonardo, que había nacido el 29 de mayo de 1933. Al quedar viuda, presa de la desesperación y de la imposibilidad de criar a sus hijos, decidió darlos en adopción: Cesare Leonardo fue entregado a una familia de campesinos y Mario, a la familia de un médico.
Cuando Mario supo la verdad, luego de una larga búsqueda, pudo encontrar a la familia de campesinos que había criado a Cesare Leonardo. Llegó al lugar en su auto y dos perros se le acercaron. El dueño de casa estaba ordeñando las vacas. Al verlo, a pesar de los rasgos del paso de tiempo reflejados en su rostro, encontró un increíble parecido físico y sintió una inexplicable atracción. Tal vez fuera impulsada por el instinto… Lo estrechó en un abrazo cargado de emoción.
Transcurría el año 1996. Los hermanos, Mario y Cesare habían logrado reencontrarse luego de 61 años. Aún les quedaba por saber más acerca de sus raíces. Tenían el deseo de saber quién era y de dónde había venido su padre”.
Angelo Cantonati recuerda que los hermanos Brendolise recurrieron a él en busca de ayuda, sabiendo que en esos días esta por partir hacia Italia. Angelo recuerda: “Al llegar al Trentino, me dirigí a Castelnuovo della Valsugana, el pueblo que figuraba en el documento de Río Cuarto como lugar de origen del padre de Mario y Cesare Leonardo Brendolise. Me encontré con el párroco del lugar, que estaba acostumbrado a recibir y responder cartas de descendientes de emigrados trentinos de todo el mundo. Al principio me dio respuestas muy vagas y dudó que el pueblo que figuraba en la partida de nacimiento fuera realmente Castelnuovo della Valsugana. Sin embargo, tras insistir y luego de mostrarle la copia del documento que había traído de Capilla del Monte, el cura subió a una escalera de madera y tomó un libro polvoriento que debía llevar ahí arriba más de medio siglo. Lo acercó y lo apoyó sobre su escritorio. Comenzó a recorrer lentamente sus páginas y leyó… El 8 de diciembre de 1927 un tal Lino Brendolise, hijo de Leonardo y de Giovanna Delmonte y nacido el 24 de abril de 1901, dejó el pueblo y emigró a la Argentina. Del estado de familia surgía que tenía un hermano de nombre Augusto, cuyo hijo Carlo, nacido en 1935, era carpintero.
Al día siguiente, fui a buscar a ese tal Carlo, que según los registros debía vivir en Via Cataletto, donde se encontraba la vieja carpintería del pueblo. Al principio, el ruido de la máquina no me permitía escuchar bien. El hombre llevaba un overol cubierto de aserrín. Luego de un largo diálogo de sordos, cuando mencioné el nombre “Lino”, hermano de su padre que había emigrado a la Argentina, apagó la máquina y se sentó en un tronco a escuchar la historia.
A pesar de los años transcurridos, no se había olvidado de ese tío. Su padre le había contado la historia; sabía el inicio pero no el final. Los rastros de su tío Lino se habían perdido a poco de llegar a la Argentina. Le conté que había muerto en 1935, dejando una esposa y dos hijos pequeños
Temblando de la emoción, Carlo observó la foto de Mario y Cesare Leonardo que le mostré. Me dijo que su padre intentó comunicarse con la Argentina, pero al no tener respuesta, olvidó para siempre a aquel hermano que había partido hacia una tierra lejana. Carlo se acordaba de haber visto en casa de sus abuelos una foto amarillenta de su tío Lino y su papá Augusto”.
Angelo se emociona al recordar esa anécdota y continúa: “En enero de 1998 Carlo viajó finalmente a la Argentina para encontrarse con sus primos Mario y Cesare Leonardo. Mario tenía un buen pasar económico. Leonardo, en cambio, se había criado junto a una familia muy pobre, era analfabeto y había trabajado siempre en el campo. Se había casado y tenía tres hijos. El más chico había fallecido en un accidente. Tras largos años de trabajo como camionero, no contaba con una jubilación y sobrevivía trabajando como taxista en San Esteban, pueblo cercano a Capilla del Monte, manejando un viejo auto con patente de 1965. Carlo decidió ayudar a sus primos a cumplir el sueño de visitar el Trentino, la tierra de sus padres. A pesar de los 63 años transcurridos, los Brendolise se reencontraron pudieron reconstruir un vínculo familiar que parecía perdido”.
Córdoba, 5 de marzo de 1998
Traducción y adaptación: Mariano Roca


REENCUENTRO DE DOS HERMANOS
Comentarios
pero no dejan de ser ejemplares.
Cuando se lo desea conel corazón encontrar las raices,no importa el tiempo trascurrido, los datos van acercandose a uno hasta que magicamente se competa la historia y siempre con un final feliz y de reencuentros, lo digo por experiencia...
que gocen del amor fraterno con este volver a vivir la historia trunca,reeditad a de otra manera.!!!cumplimenti fratelli!!!
adelia meneghini
que tengo en la Comune di Drena - Trento, y a un nuevo amigo, Augusto Chiarani, que si bién no somos parientes, somos paisanos. Un fuerte abrazo para Vos y Luis mis felicitaciones por las hermosas historias, Nestor Guillermo Chiarani - Presidente del Círculo Trentino de Zárate - Argentina.-