jSharing - JA Teline III

Albasini

 60° aniversario de la emigración trentina a Chile

ENTREVISTA A “NONNA” ALBASINI

Por Ferruccio Bolognani

NOTA DEL EDITOR: Los comentarios u opiniones volcadas en este relato  corren por exclusiva responsabilidad de su autor y no hacen responsable a Trentinos.com

Trentinos.com no comparte las opiniones referidas al gobierno de Augusto Pinochet y ofrece el texto solo como un rico relato en memoria de la señora Albasini y de los pioneros de la comunidad trentina de Chile

La Serena, 17 de diciembre de 1986

La ciudad de La Serena tiene un origen muy curioso. Fundada en 1544 por el español Juan Bohon, fue incendiada por los aborígenes que no querían extranjeros en sus tierras. Entonces Pedro de Valdivia, el primer gobernador de Chile, envió al capitán Aguirre para reconstruir ese poblado. Sin embargo, durante 400 años el espíritu de los indígenas no permitió la llegada del progreso. Tan es así que se considera como verdadero fundador de la ciudad al presidente Gabriel González Videla (1946-1952), con su Plan Serena, un verdadero programa de desarrollo que consiguió transformar esa pequeña localidad en un centro turístico con hermosas playas. Dio impulso a la industria minera y al artesanado, así como también a la agricultura a partir un programa de bonificación territorial y gracias al aporte de los inmigrantes italianos, particularmente de los trentinos. La estatua de este estadista està ubicada en la Plaza de Armas, un parque verde y perfumado, con canteros floridos, que tiene en su centro una fuente del escultor Román. Cerca del Palacio de Gobierno se encuentra la Catedral, obra de Herbage (1844). Su interior, austero, recibe la iluminación de los vitreaux que surgen por encima del altar de mármol.

Llegué a La Serena para encontrarme con algunos inmigrantes trentinos que han sufrido las dificultades de la emigración y que desean no recordar esa experiencia, prefiriendo dejar a los investigadores la tarea de contar esa historia para evitar que se repita.

Albasini, presidente del Círculo, me espera para realizar una visita a San Román y a la Rinconada, lugares considerados sagrados por los sacrificios y sufrimientos de los inmigrantes trentinos que llegaron entre 1951 y 1952.

No puedo imaginar la miseria, el hambre y las enfermedades que acompañaron el trabajo de esos primeros años, mientras observo los campos que ellos transformaron en tierra fértil. Una moderna obra de canalización transporta el agua a un terreno que antes era pedregoso y se encontraba impregnado de sal. En estas tierras, ahora, se realizan fácilmente dos cosechas al año. Lo confirman Zandonai y Rizzoli, dos inmigrantes trentinos que muestran la piel curtida y las manos callosas. Ellos dirigen una empresa que ha logrado llevar sus productos al mercado internacional.

La arquitectura muestra un conjunto de mansiones señoriales, decoradas con muy buen gusto. Las fotos en color de los hijos y nietos de esos primeros inmigrantes contrastan con las viejas fotos amarillentas, con imágenes en blanco y negro de las primeras viviendas de los inmigrantes, que habían dejado atrás la casa natal y la familia en el Trentino.

Me presento a las mujeres. Lamentan que no me pueda quedar a almorzar con ellas. Un hermano de Rizzoli parte mañana hacia Italia, donde ha instalado una fábrica de calzados. Su hijo Luis, en cambio, se dedica al campo; es un joven robusto y atlético, de alrededor de 2 metros de altura. A su lado me siento un petiso. Luego de 38 años de la dura experiencia emigratoria, hoy, sin embargo, es difícil encontrar un trentino indigente. El italiano es capaz de amoldarse a cualquier actividad, demostrando una voluntad y una constancia que no siempre se cuentan como virtudes en la población local. “Ellos, por lo general, se conforman con poco y lo que ganan lo gastan rápidamente”, me dice Callegari.

Callegari hizo su fortuna a partir de su empresa agrícola. Es generoso con sus empleados, que reciben un buen sueldo y participan de las ganancias que deja la actividad. El padre y los hijos trabajan como recién llegados. En la oficina comercial se encuentra su esposa Caterina, quien acaricia al pequeño Renato, que está inquieto. Su tía, una inmigrante originaria de Vermiglio, trata de calmarlo. Attilio, hermano de Callegari, me cuenta de su experiencia como inmigrante. Él soportó con estoicismo las humillaciones sufridas por ser extranjero; trabajó y se ganó su dinero. Supo arriesgarse y, en momentos de emergencia, siguió la ley del más fuerte. La fortuna acumulada demuestra que tuvo capacidad para los negocios. Algunos creen que su generosidad es interesada. Su bienestar económico le ha granjeado enemigos y envidias motivadas por los celos.

ColegioVisitando el colegio de los Barnabitas, conozco detalles de la historia de los inmigrantes que llegaron a estas tierras. Esta congregación religiosa tuvo el mérito de asistir y hospedar a los primeros trentinos en los momentos más difíciles y dramáticos que siguieron a su llegada a La Serena. Estamos en verano. El edificio está vacío; sus aulas y patios silenciosos lo hacen aún más majestuoso. En las grandes ocasiones se convierte en el centro de los festejos de la comunidad italiana. El sacerdote que me recibe no oculta su aversión por el presidente Augusto Pinochet, a diferencia del trentino que me acompaña. Durante el gobierno de Salvador Allende muchos italianos sufrieron las confiscación de sus campos y decidieron volver a su patria o trasladarse a Brasil o a la Argentina. Ahora, muchos de ellos elogian el orden y la disciplina de los militares.

Recorrer la sombría Avenida de Aguirre y en la Plaza de Armas es como pasear por un museo a cielo abierto, rodeado de un verde intenso y de canteros llenos de flores. Se pueden apreciar esculturas de mármol de Carrara que reproducen obras de Fidia, Miguel Ángel, Canova y David. Desciendo desde la Plaza de Armas hacia el Parque Municipal, por amplias escalinatas rodeadas de cascadas de glicinas, agaves, cactus y palmeras gigantescas. En los campos de tenis se observa a algunos jóvenes corajudos que desafían el sol agobiante. Un ambiente de diversión y esparcimiento. Decido regresar más tarde, para respirar la brisa que llega del océano.

La “Nonna” Albasini

Esta noche fui invitado a cenar a la casa de Albasini. Está presente su madre, una mujer de 78 años, de gran vivacidad y fortaleza. Me indaga con sus ojos penetrantes y habla, al comienzo, con prudencia, pero logro conquistar su confianza y se anima a revelarme secretos que sólo diría a un nieto. “Nonna” Albasini es un cofre de noticias y recuerdos. Me los cuenta a cuentagotas. Los evoca con una memoria escrupulosa, plagada de nombres y de fechas, como si tuviera un diario en su mente. Tomo nota de cada una de sus palabras en servilletas de papel y registro su historia para conservar su voz áspera que critica a los políticos irresponsables que provocaron la tragedia de la segunda emigración trentina a Chile. Habla el dialecto cerrado de la zona de Vermiglio, que debo traducir al italiano.

“La historia comenzó en enero de 1950. Una comisión presidida por el diputado Helfer había visitado Chile para analizar las posibilidades de la inmigración organizada de campesinos. La Región Trentino-Alto Adige vivía una grave crisis ocupacional y necesitaba encontrar una vía de salida para una parte de su población. El Instituto del Crédito para el Trabajo en el Exterior (ICLE) y el Programa Americano de Ayudas para Europa (ERP) habían prometido financiar la operación. Al norte de Santiago existía la posibilidad de establecer una colonia. Sin embargo, la precariedad de las vías de comunicación hacía difícil el establecimiento de cualquier actividad productiva en la zona. La Serena, en cambio, ofrecía a los inmigrantes la supuesta ventaja de contar con tierras y viviendas. Con unos pocos años de trabajo se podrían saldar todas las deudas y lograr un bienestar económico”.

La primera emigración

“Rápidamente, en febrero de 1951, el Trentino logró reclutar 21 familias que emigrarían a Chile y se establecerían en La Vega Sur de La Serena. El asesor Rosa había presentado un proyecto de ley que entregaba ayudas y préstamos por 123 millones de liras. Sin embargo, el Gobierno italiano había cuestionado la iniciativa por considerar que la organización no era la adecuada y no existía autorización del Estado. El comisario del Gobierno en el Trentino no estaba dispuesto a promulgar la ley regional por considerarla inconstitucional. El 18 de abril de 1951, 21 familias compuestas por 153 personas, luego de haber vendido todos sus bienes, partieron desde Génova rumbo a Chile. Sólo llevaban sus enseres domésticos, algunas semillas e instrumentos para trabajar la tierra.

Luego de 29 días de viaje, a bordo del “Amerigo Vespucci”, los trentinos llegaron a Coquimbo. En el puerto los esperaba una multitud de curiosos y autoridades del gobierno chileno. El Ejército había construido para ellos lindas casas, amuebladas y provistas de víveres. El presidente chileno Videla y el embajador italiano habían participado de la ceremonia de bienvenida. La situación parecía idílica. Tas la euforia de los festejos y luego del homenaje de las autoridades, los trentinos fueron trasladados al colegio de los Barnabitas. Las sorpresas llegarían cuando los colonos se enfrentaron a la realidad de las tierras que les habían otorgado, que estaban ubicadas en una zona pantanosa y salitrosa. El descontento era generalizado. La misión técnica italiana había aceptado esas condiciones y se había apurado a organizar el viaje, sin explicar la realidad de la situación que los trentinos encontrarían en La Serena.

Los responsables de la Caja de Colonización debían hacer frente a situaciones que no habían previsto. Los niños que formaban parte del grupo habían sido inscriptos en escuelas públicas, a pesar de la oposición de los padres Barnabitas que consideraban que esos establecimientos no estaban a la altura de las tradiciones morales y religiosas de los trentinos. Las autoridades chilenas lo sentían como una ofensa. A su regreso a Trento, el asistente social Perazzoli explicó la situación que había encontrado en La Serena. Sin embargo, los pedidos de informe de la Legislatura regional sobre las condiciones reales de los inmigrantes fueron acallados por el asesor Rosa, que silenciosamente preparaba el segundo traslado de trentinos a la zona”.

La segunda emigración

“En la primavera de 1952, el perito agrario Andreaus, con el financiamiento de la Región, había visitado La Serena. Algunos afirman que sólo observó la zona elegida para el asentamiento de los futuros inmigrantes desde el aire. Lo que es innegable es que su informe no fue objetivo, pues no señalaba que las tierras prometidas se hallaban en una zona salitrosa y carente de agua. Las viviendas eran unas casillas de chapa, utilizadas como depósitos, que no tenían siquiera techo. Eran un horno en el verano y una heladera en el invierno.

Con las referencias de Andreaus, el ministro chileno Vergara visitó Trento y solicitó la selección de otras 100 familias. Algunos técnicos de la Región sabían que las garantías dadas por Andreaus, fundadas en un concepto de bienestar válido para América Latina, no habrían sido suficientes para los campesinos trentinos, habituadas a vivir, aun en la pobreza, con dignidad. Los políticos conocían la situación, pero no se opusieron, pensando tal vez que los sacrificios eran parte de las reglas de juego que todo inmigrante debía soportar.

Las familias contactadas todavía no habían dado una respuesta. Se les había pintado un panorama irreal; el destino sería el “país de las maravillas” y ellas confiaban en las promesas de las autoridades. Nunca pensaron en un engaño. Estaban a punto de firmar los contratos que incluían préstamos de la Sociedad Italo-Chilena para la Emigración (CITAL), propietaria de los fértiles terrenos de San Ramón, Santa Inés, Mirador y Rinconada de La Serena, que vendía parcelas de ocho hectáreas con vivienda incluida por 5.700.000 liras.

La Región Trentino-Alto Adige también había sido engañada por personas inescrupulosas que promocionaban la segunda emigración. Sin embargo, cuando ya estaba claro que se trataba de una tragedia, las autoridades negaron su responsabilidad. En noviembre de 1955, el asesor Bertorelle señalo: “¿Cómo podía un campesino de la segunda emigración adivinar esos engaños criminales, al leer los diarios, los comunicados y las invitaciones para trasladarse a la tierra prometida de Chile, una emigración sostenida por una Ley de la Región sancionada antes del viaje? Quien había aceptado partir lo hacía con garantías de recibir financiamiento y no sabía que las promesas serían incumplidas. Así fue como las familias vendieron todo y se aprestaron a enfrentar las desventuras de una emigración para la cual no estaban preparadas”.

Nadie se preocupó de aconsejarlas y suministrarlas información real. En Génova tuvieron que hacerse cargo de tasas de embarque que no estaban previstas. Las familias que transportaban tractores los habían comprado a precios tres veces más altos que había en Chile; las semillas adquiridas en Trento no les servían y tuvieron que tirarlas o fueron incautadas por la Aduana. Y, lo que es peor, no había viviendas. Había que construirlas sobre un terreno salitroso. Y no solo eso: las parcelas de ocho hectáreas prometidas eran en verdad de apenas una hectárea.

A pesar de las señales de alarma, el 12 de diciembre de 1952 partió el último contingente. La Organización Internacional para las Migraciones (CIME) se había hecho cargo de los pasajes hacia Chile. Después de 30 días de navegación, los 578 emigrantes, pertenecientes a 120 familias,  llegaron a La Serena. No encontraron las casas prometidas, debieron alojarse en las habitaciones del colegio de los Barnabitas o en unos galpones precarios. Rápidamente llegarían las enfermedades, el agua no era potable y la alimentación era insuficiente, lo que provocó las primeras muertes. Hubo casos de tifus. Treinta y nueve trentinos pudieron escapar del infierno y regresar a Italia.

Una vez en conocimiento de la situación, la Región inició una investigación para determinar las responsabilidades. El ente público ya no tenía confianza en sus propios funcionarios y el 14 de marzo de 1953 envió a Chile al sacerdote Giorgio Cristofolini, que luego de un mes de estadía no ocultó su indignación. Su informe hizo palidecer al presidente de la Región, Tullio Odorizzi, que no ocultó su disgusto con los funcionarios del Gobierno regional y con la CITAL que no había respetado la palabra empeñada. Supo que hubo padres de familia que pedían limosna y mujeres que habían tenido que prostituirse para llevar el pan a su casa.

Tomazzoli, director del ICLE, conocía bien la situación. Sabía que no se habían completado las instalaciones hídricas en las casas ni tampoco las vías de comunicación con La Serena, ciudad a la que se llegaba luego de atravesar 20 kilómetros de pantanos. Su justificación era que la colonización debía haber comenzado antes del 31 de diciembre de 1952, antes del fin del mandato del presidente Videla, de modo de obtener el financiamiento del gobierno por 500.000 pesos (52 millones de liras).

Los trentinos de la primera colonización, que luego de dos años estaban recogiendo sus primeras cosechas, no sabían lo que estaba sucediendo a pocos kilómetros de distancia.

En noviembre de 1953, tras el inútil pedido del sacerdote Cristofolini, había llegado un telegrama desde La Serena. “La situación es pésima. Tenemos hambre. Ayúdennos”. En Trento estalló una ola de indignación.

En marzo de 1954, el presidente del ICLE intentó normalizar la situación. A 70 familias que no tenían medios suficientes, se les distribuyeron las tierras de quienes lograron partir. Algunos habían buscado suerte en otras zonas de Chile, otros se refugiaron en Argentina o Brasil. Unos pocos habían logrado regresar a Italia con la ayuda de la Junta Católica para la Emigración. En 1955 los representantes del derechista Movimiento Social Italiano (MSI) cuestionaron duramente a la CITAL y la acusaron por “la estafa del siglo”. El asesor Bertorelle viajó a Chile para tomar contacto con “la situación desastrosa, las condiciones pésimas y las desesperación de los colonos”. De las 1200 personas emigrados entre 1951 y 1952, sólo quedaban 400. En base a la documentación recogida por el MSI, los demás partidos políticos solicitaron informes e iniciaron nuevas investigaciones, como si no hubiera sido suficiente el material con el que contaban.

Luego de establecer las responsabilidades, la Región admitió su responsabilidad moral por una de las páginas más negras de su historia. A final de 1955 la situación había mejorado. La distribución de las tierras entre los “sobrevivientes” de esa aventura permitió descomprimir la situación. Las cosechas mejoraron. Luego sobrevino la crisis político-económica durante el gobierno de Allende y hubo otra gran oleada de trentinos que decidieron abandonar La Serena por temor a la nacionalización de sus tierras y empresas familiares. Tras el golpe de 1973 hubo cierta tranquilidad. La colonia trentina, con gran esfuerzo, había logrado progresar”.

Octubre de 2011

A 25 años de la entrevista con “Nonna” Albasini, que completé con una investigación propia sobre los nombres de los funcionarios y entes responsables de aquella dura experiencia vivida por los trentinos en Chile, me gustaría colocar una flor en su tumba, así como en la tantos otros trentinos que perdieron la vida por las enfermedades y la miseria que vivieron durante la segunda oleada emigratoria. Es importante que esta página de la historia no quede en el olvido. La escuela bilingüe “Alcide De Gasperi”, por suerte, ofrece a los descendientes de esos trentinos emigrados a Chile la oportunidad de conocer sus orígenes, mantener las tradiciones de su lejana patria y compartir el sentimiento, el ejemplo y el estímulo de formar parte de una de las tantas comunidades trentinas extendidas por el mundo.

Fotos del texto: Gentileza de Ferruccio Bolognani

Foto del encabezado: Gentileza Los Goges de Luis Atencio

Traducción: Mariano Roca

Comentarios 

 
+1 # Roberto Rodolfo 24-10-2011 18:21
No hay palabras que expresen tal corrupción. ¡Cuántas historias familiares quebradas! De por sí el exilio supone un doloroso quiebre en la historia de cualquier familia, ¡cuánto más cuando se interponen a él la corrupción y el engaño! El pueblo trentino demuestra, con esta historia, una fortaleza digna de admiración. Fortaleza calcada de sus imponentes y maravillosas montañas.
Responder | Responder con una citación | Citar
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar