Testimonio de Gabriela Anzelini y Mariano Roca
LA HISTORIA DE GIOVANNI ANZELINI (1900-1972) Y DE MARIA PARIS (1914-1986)
Con sus particulares características, la historia de Giovanni y de María es muy parecida a la que vivieron otros tantos emigrados trentinos. Los años de la guerra, las penurias económicas de la posguerra y la dictadura fascista los impulsaron a elegir la vía de la emigración, dejando en su tierra natal a familiares y amigos, a muchos de los cuales no volverían a encontrar.
Giovanni Anzelini había nacido en Fondo el 19 de junio de 1900. María Paris nació en el mismo pueblo del Alto Valle de Non catorce años más tarde, el 21 de junio de 1914. Ambos se conocían, pero nunca se habían frecuentado. Mientras los Anzelini eran pequeños campesinos, el papá de María –Bastianello– era veterinario y vivía junto a su familia en Malosco, municipio vecino a Fondo. Luego de diplomarse en Economía y Comercio en la Universidad Ca’Foscari de Venecia, Giovanni partió hacia la Argentina en 1927. Prefirió la vía del exilio para evitar cualquier tipo de compromiso político con el régimen fascista.
Luego de establecerse en Buenos Aires, donde consiguió un empleo en la Cámara de Comercio Italiana, Giovanni escribió a su hermana Agnese una carta en la que le exponía su voluntad de formar una familia: “Luego de mi viaje allí (había estado en el Trentino) me he dado cuenta de mi incomodidad y del cansancio de esta vida solitaria que llevo. Me siento aislado y nada puede colmar ese vacío; además, no veo cercana la posibilidad de un retorno definitivo. Éstas y otras circunstancias me inducen a pensar seriamente en formar una familia”.
Giovanni explica a su hermana por qué creía que la “Mariotta del Bastianello” podía ser su compañera ideal: “Tengo la impresión que se trata de una joven de buenos principios, con condiciones para convertirse en una buena esposa. Su familia y especialmente su madre son gente muy buena, circunstancia importante como elemento de juicio”. La joven María, de solo 23 años, comenzó entonces un vínculo epistolar con Giovanni y finalmente aceptó la propuesta de matrimonio. Debieron hacerlo por medio de un poder enviado por Giovanni. Pocos meses después, María obtuvo de parte del Consulado argentino en Milán la visa para poder viajar hacia Buenos Aires.
“Querido Giovanni, estoy impaciente por poder verte y poder encontrarme lo más rápido posible en la intimidad de una familia que sea total y únicamente nuestra. Quisiera poder decirte todo lo que siempre me he guardado para poder comunicártelo personalmente”. Éstas eran las palabras de María en una carta del 26 de septiembre de 1938. Su diario de viaje, que tituló “De la casa del papá a la casa del marido”, se inicia un mes antes de partir con el barco “Oceanía” desde Trieste con rumbo a Buenos Aires, y concluye el 11 de noviembre de 1938. En la página correspondiente al 26 de octubre escribió: “Aquí está el barco que me llevará lejos, hacia una misión que es grande y santa, hacia un hombre que me ha hecho suya delante de Dios y del mundo. Siento en este instante una gran fuerza que me empuja y me ayuda a afrontar todo y a partir hacia mi destino, hacia mi casa, donde iniciaré una vida nueva, una vida de nuevos deberes, de grandes sacrificios, a la cual dedicaré todo mi ser”.
El 2 de noviembre María escribiò: “Jornada triste y melancólica. Pienso en mis seres queridos y pienso que me encuentro delante de ellos y me siguen con sus miradas. Queridos todos, no puedo olvidarlos, pero rezo constantemente y siempre con mayor fuerza para que el Señor me ayude a soportar el dolor de la nostalgia y en la oración encuentro las fuerzas y la fe”. Tres días más tarde, mostraba mayor optimismo: “Por primera vez comienzo a ver de cerca el día de mi llegada. Y pienso con gran alegría en el esperado momento de abrazar a mi Giovanni”. El 11 de noviembre concluía con estas palabras su diario: “Ah, ¡qué bello poder pensar que me espera una persona que me ama y qué largo es el tiempo de la espera! Pero finalmente puedo decir: Hasta pasado mañana”.
María no se imaginaba que al día siguiente, su querido Giovanni la estaría esperando en Montevideo, pues había decidido trasladarse a la capital del Uruguay para continuar con ella el viaje hacia Buenos Aires, donde llegarían un día más tarde. Era el 12 de noviembre de 1938. Un año más tarde, el 8 de noviembre de 1939, nacía la primogénita Gabriela. Los dos hijos varones, Juan Carlos y Mario, nacieron en 1941 y en 1942 respectivamente. La familia se trasladó entonces a una casa en el barrio de Villa Pueyrredón, ubicado en el noroeste de la ciudad de Buenos Aires. Pasaron los años, los hijos se casaron y llegaron los nietos: Paula, Federico, Santiago, Natalia, Mariano y Luciano.
Giovanni regresó a Fondo en 1952 junto a su hija Gabriela, quien pudo conocer en ese viaje a su abuela Teresa, sus tías Agnese y María, su tío Beppi y sus primos Giovanna, Valerio, Franco y Teresa. Diecisiete años más tarde, en 1969, Giovanni pudo finalmente volver con su esposa María al Trentino. Así recuerda ese último viaje el diario L’ADIGE, en un artículo publicado al día siguiente del fallecimiento de Giovanni (que se produjo el 2 de junio de 1972): “Fue una importante noticia no sólo para sus amigos de Fondo, sino para la gran familia del Amistad (Círculo de ex emigrados trentinos hacia la Argentina, reunidos en el Trentino), pues él (Giovanni) fue uno de los fundadores de distintos círculos trentinos en el continente latinoamericano”.
Efectivamente, Giovanni fue durante muchos años secretario del Círculo Trentino de Buenos Aires. Continúa aquella crónica del ADIGE, cuyo título –“Falleció el Dr. Anzelini. Hizo honor al Trentino entre sus emigrados”– ilustra la actividad que él desarrolló en el Círculo: “Es verdad que con él se va uno de los mejores hombres de nuestra tierra, que tanto ayudó en sus 40 años de trabajo en el exterior para que nuestra gente allá (en Argentina) lograra construirse un futuro mejor”.
María siguió adelante, en compañía de sus hijos y nietos, siempre en la casa de Villa Pueyrredón. Su fallecimiento, el 12 de septiembre de 1986, a los 72 años, dejó un gran vacío en la familia Anzelini. En ella se mantienen vivos los valores que transmitió la nonna a los suyos: la humildad, la solidaridad y el afecto sincero. Una vida dedicada a la familia, en el amor y en el respeto de los valores cristianos.


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