
Un barrio cargado de historia
¿Vamos de paseo? El mejor día, el domingo, donde encontraremos todo junto lo que contaré más adelante. También podemos ir cualquier día de la semana y recorrer este emblemático barrio de día o en el encanto de la noche, donde podemos descubrir restaurantes y bares típicos de la zona. ¿Comenzamos? Allá vamos...
Pasear por el barrio de San Telmo, el cual es considerado el sitio fundacional de la ciudad de Buenos Aires, es hacer un recorrido hacia el pasado y -por qué no- hacia la nostalgia.
Sus calles son estrechas, adoquinadas, y allí se encuentran, las grandes y antiguas casonas, con patios. Entre ellas conviven los anticuarios, los cantantes callejeros, los bailarines de tango, los artesanos y los tradicionales bares.
El barrio nació en plena ciudad a mediados del siglo XIX y fue el lugar elegido por las familias aristocráticas para residir. Las fachadas de las casas fueron cambiando de estilo: primero fueron coloniales españolas, y poco a poco, muchas adoptaron el estilo italiano.
En 1871 se desató la epidemia de fiebre amarilla, con una furia tremenda. Dada la densidad de población que había adquirido la zona y ante la terrible enfermedad que acechaba a sus habitantes, las familias más pudientes comenzaron a alejarse hacia el norte de la ciudad.
Fue el momento en que comenzó la inmigración, y esas casas vacías, en las cuales había tantas habitaciones, fueron alquiladas por su dueños,
de a una o dos, a los nuevos inmigrantes, la mayoría de ellos genoveses. Así dieron comienzo los llamados “conventillos”, con cocinas y baños compartidos.
La zona cambió completamente su “cara” y sus costumbres, y lentamente se transformó de aristocrática en humilde. Esos conventillos, como se sabe, se fueron extendiendo hacia La Boca, Montserrat, Parque Lezama y otros barrios aledaños.
Podemos decir que hacia 1880, en este pintoresco y querido barrio de San Telmo, existían cerca de 150 de estas típicas viviendas, testimonio de la fuerte inmigración de aquellos años. Pasada la época descripta, y durante décadas, la zona entró en decadencia y descuido.
Pasado ese largo lapso, se redescubrió la misma y comenzó su readaptación y revalorización, se logró reciclar algunas de las mansiones y otra quedaron como antaño, dando un encanto particular, lleno de leyendas y secretos, que tanto fascinan a los argentinos y a los turistas, que en cantidad, visitan este encantador barrio.
Hoy en día es un placer recorrer sus calles, ver la feria de los domingos en la Plaza Dorrego, donde encontraremos lo inimaginable, visitar la Iglesia de San Pedro Telmo y el Mercado de San Telmo (1897), el cual combina las antigüedades con magníficos puestos de verdura, fruta y carne de lo mejor, con su hermosa cúpula central vidriada; sentir en cada esquina un tango y verlo bailar, tomar el desayuno, almorzar o cenar en los restaurantes de la zona.
Queridos amigos, la visita a San Telmo es un paseo ideal para disfrutar un domingo diferente y volver, por unas horas, a un pasado lleno de recuerdos, que parece tan lejano pero que a muchos de nosotros nos traerá a la mente la historia de nuestra ciudad y nuestros tan especiales y queridos inmigrantes, que poblaron, trabajaron y honraron a esta tierra que los recibió y de los cuales sus descendientes hemos heredado sus costumbres y, por sobre todas las cosas, sus valores inquebrantables.
Delfina Marta Turrina




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