jSharing - JA Teline III

“EXIT ARGENTINA” – 2º PARTE
Entrevista al autor:
Daniele Zambelli Franz

La ciudad de ROSARIO y la historia de José Margoni

Hacia el Norte

En la terminal de Retiro, se habían formado unas colas infinitas frente a las ventanillas de las empresas de transporte. Compré un pasaje hacia Rosario. El ómnibus emprendió el viaje costeando el Río de la Plata, que tenía el color del cemento y, en el horizonte, se confundía con las nubes bajas que se ceñían sobre la costa uruguaya. Comenzó a llover, pero luego las nubes se disiparon y permitieron que el sol se posase sobre la húmeda Pampa. Me sentí mejor. Se sucedían campos y campos, poblados por largas filas de álamos y cada tanto se veían algunas vacas. El paisaje pasaba del verde al verde claro. Una ruta larguísima ingresaba como una cuña en la periferia de Rosario. Las casas, los kioscos de diarios y los negocios ofrecían una variada gama de colores, con tonos azules, amarillos, verdes y rojos. Una familia estaba sentada en una carreta que apenas se tenía en pie, empujada por un caballo gris al que se le veían las costillas.

(...)

Nace un revolucionario

En junio de 1928 una joven pareja, perteneciente a la aristocracia argentina, surcaba el río Paraná con destino a Buenos Aires. Vivían en la norteña provincia de Misiones, donde eran dueños de una plantación de yerba mate; pero querían que su primogénito naciera en la capital. Cuando la embarcación llegó a la costa de la ciudad de Rosario, los dolores de parto alteraron sus planes. Los dos esposos se precipitaron rápidamente al hospital Centenario, acompañados por un taxista brasileño que ofició de testigo de ese nacimiento. El padre del recién nacido se llamaba Ernesto Guevara Lynch y la madre, Celia de la Serna. El niño fue bautizado como su padre, pero pasaría a la historia de América Latina y de todo el mundo como el “Che”, una mezcla de nombre y apellido que lo convertiría en una leyenda. Luego del parto, la familia Guevara se estableció algunos días en un departamento de un palacio gris de la calle Entre Ríos al 480, hasta que la madre y el hijo estuvieron en condiciones de continuar el viaje. (...)

(...)

Saludé a la vigilante y seguí con un mapa de la ciudad en la mano, hasta llegar al Círculo de los inmigrantes trentinos de Rosario. Junto a la sede se encontraba la estación de policía, frente a la cual una veintena de personas esperaban en fila.

“Ah, finalmente llegaste. Dale, vení, entrá”, me saludó José Margoni.

No fue necesario presentarme; me reconoció al instante.

Don José, un tipo alto y elegante, vive en Rosario desde 1934. Trabajó toda la vida como médico de familia y ahora dedicaba su tiempo al Círculo. El decorado de la sede estaba detenido en los años 70; en las paredes había fotos y pósters de la lejana tierra de origen. José Margoni era un narrador nato y se movía con gran teatralidad.

“Es cada vez más difícil llevar adelante un círculo de inmigrantes, ahora sólo quedamos los viejitos”, comenzó a explicarme, mientras hurgaba entre algunas fotos viejas que tenía sobre el escritorio.

“Siempre me he preguntado cuánto tiempo puede durar la nostalgia”, le dije.

“Che... La verdad es que las nuevas generaciones se sienten cada vez menos atraídas por sus raíces. Es inevitable. Si las cosas siguen así, a Europa seguirán viéndola sólo por televisión”, respondió José.

Comprendí que me encontraba frente a un narrador formidable. Además, a pesar de que había vivido únicamente cinco años en Italia, su italiano era perfecto.

“La dominación austríaca de nuestra tierra no trajo sólo desventajas”, continuó. “Los nuestros llegaban acá con una profesión. Ninguno de ellos trabajaba en los campos. A mi familia también le fue bien. Mi padre encontró trabajo como mecánico y yo pude estudiar hasta recibirme de médico. En ese tiempo, por suerte, la universidad era gratuita. Los negocios eran, por aquellos años, una especialidad de los sicilianos. No es casual que en los 50 Rosario fuera conocida como la Chicago argentina”.

“¿Cuáles son las actividades del Círculo?”

“Al comienzo nos unía la nostalgia, pero eso ya no tiene sentido. Desde hace un tiempo organizamos cursos de italiano, también de inglés y francés. Cuando tenemos la posibilidad, enviamos a alguno de nuestros jóvenes a pasar un período en el Trentino, con una bolsa de estudio o a trabajar en alguna empresa. Para ello dependemos del dinero que nos envía Trento”.

Don José conocía demasiadas historias de Sudamérica como para no aprovecharlo.

“¿La Argentina? Es un país grande, pero la corrupción y la criminalidad nos tienen agarrados de las “pelotas”. Acá afuera teníamos dos balcones de hierro forjado... ¡Se los robaron! Por suerte no existe el racismo, ¡faltaría más! Venimos todos de tantos países distintos... En esta ciudad existe también un círculo napolitano y uno siciliano. La gente dice: un italiano está bien, dos se pelean y tres forman tres partidos”.

Bastaba que le dijera media frase y José se encendía...

“¿Cómo se vive en Argentina?”

“¡Ah! La economía, como decía Vittoria Gassman, va discretamente bien, ni demasiado bien, ni demasiado mal. Hay miseria sólo en las provincias del norte, que podrían ser mucho más ricas si la tierra no fuese tan baja. ¿Sabés por qué en el norte no hay ladrones? Porque después de robar, hay que correr...”

Dejé que se desahogara, tomando debida nota de sus frases.

“Sin la dictadura militar, hoy la Argentina sería como Cuba. Después vino Menem, ¡ah, el gran Menem! Era demasiado simpático como para no quererlo. Se vestía siempre con elegancia y tenía una debilidad, las mujeres lindas. Lástima que dejó el país quebrado”.

“¿Y la nueva presidenta?”

“¿Quién, Cristina? Ella es una política perfecta, nunca dice nada definitivo. Otro problema de este país es que no logra sacar un centavo de la Patagonia. Cuando los ingleses fueron a la Patagonia, a los oficiales del Ejército se les decía: “Cabalguen hasta que no puedan más: hasta ahí llega vuestra tierra”. ¿Las islas Malvinas? Son de los ingleses porque ningún argentino quiso jamás ir a vivir ahí” (...)

(...)

Por la tarde volví a la Terminal de Rosario y tomé otro ómnibus hacia Reconquista, todavía más al norte, casi en el límite de la provincia de Santa Fe con el Chaco. No veía la hora de volver a la ruta.

Comentarios 

 
0 # Hector 02-02-2011 21:33
me quede esperando lo de Reconquista jaja
que ejemplo este Daniele ademas que tiempo y recursos perdio la provincia y la asociacion en este tema enviando tantos personajes incalificables a la argentina.
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0 # Webmaster 03-02-2011 15:42
Tranquilo Hector: vamos por partes, pero llegaremos al capitulo que habla de Reconquista (al menos eso nos ha prometido Daniele)

Luis
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0 # daniele 04-02-2011 12:37
Hola Hector,
muchas gracias :) el proximo mes saldrà lo de Reconquista
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0 # Trentino YO? 18-02-2011 23:16
Es penoso leer este tipo de articulo, mis padres se fueron a la Patagonia y vivieron umidemente, criaron siete hijos y no se llenaron de plata ni vendieron las Malvinas, como dice esta persona, son historias de personas vergonsosa de vivir en la Argentina y definirla, como por ejemplo hablar bien de Menen.
Venga a VIVIR en el Trentino y se arrepentira de hablar mal de la Argentina.
El Trentino no es el trentino de mis viejos, es el Trentino de la especulacion del aprovechamiento de las personas extranjeras, (por mas que tengas la citadinanza Italiana)
Perdoname Luis pero estos tipos de comentarios no lo soporto.
Demaciado que lo vivo dia a dia.....
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0 # Webmaster 20-02-2011 10:02
Hola Carlos: El articulo no es tal, es el capitulo de un libro escrito por Daniele, en donde relata su viaje por Argentina, describiendo las cosas, sensaciones y comentarios de la gente. En este capitulo Daniele se encontro con este personaje particular, dejando en Daniele esta idea.
Nosotros podemos compartir o no el comentario del señor Jose pero no estamos aqui para censurar.
Desgraciadament e hay mucha gente en Argentina que piensa en ese modo, pero no es el caso de la redaccion de este portal.

Un abrazo
Luis
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0 # Daniele Zambelli F. 06-03-2011 17:07
ciao Carlos,
disculpa si te respondo con retraso, pero solo ayer leì tu comentario. Lo siento mucho si mi entrevista con Josè Margoni te ha ofendido de alguna manera. Yo tampoco estoy de acuerdo con tantas de las cosas que el me dijo, pero mi objetivo era escribir un libro de viaje, y para hacer esto es necesario ser el màs honesto posible. Y tengo que decir que cuando un escritor alcanza obtener que sus lectores discutan, hasta que se enfaden, siempre es un optimo resultado. :-) Aunque si solo hablè unas dos horas con Josè, me pareciò ser un hombre muy hironico y gentil, incluso auto ironico, y yo tratè que esto saliera. Por ejemplo cuando habla de Menem. Si tu lees bien, te das cuenta de que no està hablando bien de el, para nada. De echo, ahora que lo he leido de nuevo, me parece igualito al nuesto Rey Silvio Berlusconi ;-)

un abrazo
Daniele
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