En camino hacia Reconquista…
al encuentro de Héctor Zampar
Apenas fuera de Rosario, por la Ruta Nacional Nº 9, me sumergí en el verde profundo de la llanura pampeana. El cielo parecía un cielorraso turquesa que se desvanecía hacia el norte. Decenas de moscardones e insectos, algunos de ellos grandes como canarios, comenzaron a estrellarse contra el parabrisas. Al costado del camino, su sucedían postes de electricidad, antenas y casas de ladrillos rojos. Pastaban caballos, ovejas y vacas, algunas de ellas con manchas y otras totalmente negras. Los campos estaban divididos por un alambrado y por paredes blancas de un metro de altura. Las únicas viviendas eran las estancias, que apenas se divisaban entre los árboles. Cada una de ellas era anunciada por un cartel, con nombres como La Guampita, El Bosque, Los Caballos, Sol y Luna, Río Azul, Esperanza... Largas extensiones con cultivos de soja se alternaban con pastos silvestres con flores amarillas. Cada tanto, aparecía el río y su monótona corriente.
Las paradas del ómnibus no estaban programadas. En uno de los altos que hicimos en el camino, nos detuvimos en una plazoleta polvorienta ubicada al lado de un canal. No se veía un alma en el radio de varios kilómetros. De repente, detrás de unos arbustos, surgió una mujer pequeña con un bebé sostenido en su pecho por una faja. El ómnibus se detenía en cada localidad. Eran pueblos minúsculos, llamados Barranqueras, Coronda, Emilia, La Criolla, Vera y Pintado. Los únicos signos de vida eran unos niños desganados, sentados en unos muros blancos pintados a la cal. Caleidoscópicos eslóganes publicitarios decoraban las fachadas de las casas, al costado de la ruta.
El domingo a la mañana me desperté en una habitación del hotel “San Martín” de Reconquista. Había sido una noche sofocante. No logré conciliar el sueño, a pesar de haber encendido el ventilador; el único resultado fue que me levanté con un fuerte dolor de garganta y un resfrío más propio del invierno belga. En el barrio donde me encontraba sólo se veía algún que otro perro vagabundo. Pasó una motocicleta conducida por una mujer visiblemente embarazada, dos niños con las piernas colgando y un tercero de pie entre el manubrio y el caño.
Fui al encuentro de Héctor Zampar, uno de los integrantes del Círculo Trentino local. Héctor vive en una pintoresca casa de un piso. Nos sentamos bajo la pérgola del jardín interno a compartir el primer mate del día.
“¿Por qué me dedico a la emigración? Es una linda pregunta”, me dijo.
“Un motivo debe haber. Nunca se sabe si algún día nos tocará partir a nosotros; y en ese caso es mejor estar actualizados”.
“Estoy de acuerdo, no hay que dar nada por descontado y esto vale también para mí”.
“¿Qué hacen en el Círculo?”, le pregunté.
“Lamentablemente todo depende de las ayudas económicas... Hasta hace algún tiempo, organizábamos cursos de italiano, pero los muchachos ahora se preguntan: ¿para qué estudiar italiano si jamás tendremos la posibilidad de ir a Italia? ¿Quién puede costearse un pasaje en avión con un sueldo promedio de trescientos euros?”, respondió.
Héctor Zampar es docente en un colegio secundario de Reconquista. Además de su participación en el Círculo Trentino, es responsable de la Sociedad Italiana de Reconquista.
“Es mejor ocuparse del folclore, que al menos cuesta poco y es divertido”, continuó.
“Cada año organizamos la Fiesta de las Colectividades, con música y bailes con los trajes típicos, al que concurren inmigrantes trentinos de toda América del Sur. No sé si será suficiente con mantener las tradiciones para conservar nuestro vínculo con el pasado”.
“Ah, y además tenemos dos cooperativas de las que estamos muy orgullosos”, explicó. “Una está formada por asistentes domiciliarios que llevan ayuda a los ancianos y necesitados. La otra es una cooperativa para la construcción de viviendas de bajo costo. Se está construyendo en un barrio tranquilo, cerca del centro”.
Alguien golpeó la puerta.
“Debe ser Víctor”, anunció Héctor.
El profesor Víctor Juan Braidot es director y periodista de “El Mensajero del Norte”, un semanario que es distribuido en todo el municipio de Reconquista. Cuando le estreché la mano, advertí la curiosidad típica del reportero hambriento de noticias. De hecho, no había entrado a la habitación cuando ya nos había preguntado algo a cada uno de los que estábamos allí. Originario del Friuli, el profesor había vivido tres meses en Gorizia, donde escribió un libro en dialecto friulano sobre el destino de los inmigrados de esa región italiana venidos a Sudamérica. De pronto, Braidot extrajo un grabador y lo puso a cinco centímetros de mi boca.
(...)
Mientras volvía a la ciudad, desde el poniente se levantó una brisa que hacía arremolinar el polvo que levantaban los autos. Un amplio jardín rectangular ocupaba el centro de la plaza principal, cerrada por un muro de poca altura, ubicado al costado de la Catedral. Era domingo y el muro servía de pasarela para los jóvenes gallos de Reconquista. Se respiraba en todos lados el olor a verano. El olor que todos hemos percibido por lo menos una vez en la vida, el olor de las noches con amigos, el sabor amargo de un cigarrillo fumado a escondidas, de una primera cita ante la cual parece que el corazón se te va a escapar del pecho, de estrellas demasiado grandes para ser reales, de una carrera en moto en la que sientes el viento en el alma, un buen olor, el olor de una vida plena, de la vida más verdadera. Sentí, de repente, que debía dejarme llevar por el vértigo y abandonarme a la lógica del viaje. Y las estrellas eran demasiado grandes, aquella noche, como para nutrir otras inquietudes. Noviembre es así, increíblemente dulce, en el norte argentino. Cerré los ojos, solté las últimas amarras y me dejé llevar.


Comentarios
Aunque ya Daniele aclaro el año en el que fue escrito, cabe aclarar que no es una nota, es el capitulo de un libro.
Visto que no contamos con vuestros datos actualizados, y que la gente desconoce vuestras referencias, participar en el sitio seria una grande ocasion para dar a conocer todos estos datos y/o actividades.
Reitero una vez mas nuestra invitacion al proyecto www.trentinos.com
Cordiales saludos
Un saludo
Daniele
Saludos
Luis
Daniele
DANIEL
Tercero: si tiene pruebas de ilicitos o cosas irregulares el lugar correcto para hacer esas señalaciones es la policia o tribunales. El hablar mal a los cuatro vientos y hacer un conventillo la unica cosa que provoca es malestar.
Quizas el limite que señala lo tengan otros portales que reciben subenciones o financiaciones por lo cual estan limitados a publicar solo lo que lo indican, limitando la capacidad de pensamiento de quien lo gestiona.
Cinco: reitero lo que ya le explicado en comentarios anteriores: el texto es parte de un libro, donde un "turista" Trentino cuenta su viaje por el pais y en este relato refleja sus impresiones. En ningun momento Daniele intenta hacer polemica. Escribe solo lo que ve, cuentan en pocos dias.
Ya que leer un resumen lo confunde lo invito a contactar el autor y comprar el libro completo.
lamento que haya toda esta polemica, de que yo solo se lo que he leido en estos comentarios. Y sinceramente de eso me importa muy poco, seguramente hay otras personas que tienen que pensar en eso. Te puedo decir que yo nunca tratè de escribir un reportaje sobre la migraciòn trentina en Argentina o sobre los circulos trentinos, sino de contar lo que he visto y vivido, como un diletante escritor de viajes. Y con el poco tiempo que tenìa, solo pude hablar con pocas personas.
Jose Martinez Arriaga