Una historia mapuche
En una lluviosa tarde de julio de 1849, la embarcación “Joven Daniel” encalló en una playa frente a Puauchu, un poblado de indios mapuches entre el océano Atlántico y el lago Budi. La quilla chocó contra un grupo de rocas y la carga que llevaba se volcó en la bahía. La nave transportaba un poco de todo: alimentos, barriles llenos ron, sacos de harina y pimientos que se desparramaron por toda la playa, tiñéndola de rojo y verde.
Las mujeres que sobrevivieron al naufragio fueron acompañadas hasta Boroa, cerca de Temuco. Ellas se habituaron tan rápidamente al estilo de vida de los mapuches que decidieron permanecer en esa tierra, negándose a regresar cuando sus maridos y parientes volvieron a buscarlas.
En el ínterin, los mapuches recuperaron la carga del “Joven Daniel”, que había quedado flotando a pocos metros de sus casas. Probaron el ron y les gustó mucho. Uno de ellos, que había bebido demasiado, murió asfixiado por el alcohol. “No tomemos más ese licor, está envenenado”, dijeron entonces sus compañeros, antes de ofrecer a los peces de la bahía una memorable borrachera colectiva.
Las autoridades chilenas no tardaron mucho en tomar cartas en el asunto del naufragio. Frente a la necesidad de encontrar un chivo expiatorio, acusaron a dos caciques, Curín y Huerapill, y los trasladaron a Santiago, donde debían ser juzgados. La noticia llegó muy pronto a oídos de Huaquinpán, un cacique que era muy respetado por toda la comunidad mapuche. Él decidió partir inmediatamente hacia Santiago para hablar personalmente con el presidente.
“He venido siguiendo a mis dos caciques”, le dijo Huaquinpán. “¿Cuál es el delito del que se los acusa?”. El presidente respondió: “En su tierra naufragó una embarcación y ustedes se apropiaron de toda la carga. Ése es el delito”. El jefe mapuche contestó: “¿Cómo podemos tener nosotros la culpa? ¿Acaso podemos controlar el movimiento del mar y del viento? Ellos empujaron el barco hacia la playa y él chocó contra las rocas y se partió en dos. ¿Qué debíamos haber hecho? Es verdad, tomamos toda la mercancía, que comenzaba a emanar un feo olor, porque temíamos que se perdiese en el fondo del mar. Nuestro pecado, entonces, no fue tan grave. Las desgracias suceden y fue lo que le ocurrió a esa embarcación”.
El presidente comprendió y decidió liberar a los dos caciques y entregarlos al sabio Huaquinpán.
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Transcurrí una tarde entera dentro del Museo de
En el primer piso se encuentran expuestos ejemplares embalsamados de zorros patagónicos, huemules, águilas y cóndores, entre otras especies. Sin embargo, aun siendo un fanático de los animales, me llamó más la atención la sección dedicada a la historia de los habitantes originarios de Sudamérica, en particular los mapuches. Vagando entre sus armas, vestidos y utensilios, me interné casi sin darme cuenta en las páginas escritas por un autor que me dio una gran mano.
Pascual Coña era aún un niño cuando dejó en 1866 su comunidad mapuche para iniciar sus estudios en el colegio “San Vicente de Paul”, en Santiago de Chile. En la capital, guiado por el padre Constancio, Pascual pudo estudiar, aprender distintos oficios y acostumbrarse a la vida urbana. Allí pasó cinco años, al cabo de los cuales el joven indio envió a sus padres una foto en la que él aparecía vestido y con cierto aire burgués. Sus ancianos padres observaron la foto y se pusieron contentos, pero los otros miembros de la comunidad les advirtieron: “Su hijo está muerto, esa es sólo el alma de un difunto”. El padre Constancio, de visita en la zona, intentó tranquilizarlos: “Pascual está muy bien. En el colegio se ocupa de los estudiantes recién ingresados. Ocupa una posición de gran responsabilidad”.
Mientras tanto, Pascual escribió una segunda carta a su padre en la que le comunicaba su intención de permanecer en Santiago un poco más de tiempo. Dijo querer contribuir a los gastos familiares, enviando cinco pesos cada mes. Los padres pidieron que les leyeran la carta y, al cabo de su lectura, rompieron en llantos. Luego el padre dijo: “¿Por qué yo debería recibir dinero de mi hijo? Sin dudas, lo han vendido y esos cinco pesos son el pago por entregarlo. ¡Si está vivo, que vuelva!”
El padre Constancio se conmovió y dio al colegio de Santiago la orden de dejar partir a Pascual, quien al enterarse se enojó mucho. A regañadientes, aceptó regresar a su pueblo. “Esta gente no conoce las cosas buenas de la modernidad”, escribió. “Mi papá habló de ese modo al padre Constancio por ignorancia. Pero es así. No hay otro remedio”.
Pascual hizo fructificar la experiencia de los años vividos en Santiago y por muchos años fue un importante cacique. En 1924 Ernesto Wilhelm de Moesbach, un misionero alemán que se había instalado entre los mapuches, pidió al anciano Pascual que le enseñara la lengua de los indígenas. Lo frecuentó durante muchos años. Pascual le contó su vida y le detalló las costumbres mapuches. El sacerdote tomó notas de cada detalle, fascinado por la lengua de ese pueblo aborigen. Lo atrajo, en particular, “la absoluta regularidad de sus elementos morfológicos y sintácticos, la increíble riqueza expresiva de sus verbos y la inimitable precisión y concisión de la que ese idioma era capaz. Es incomprensible cómo la lengua de un pueblo de tan bajo cultura haya podido lograr tal perfección técnica”.
El 28 de octubre de
El padre Ernesto decidió entonces transcribir el largo relato de Pascual y en 1936, en Santiago, publicó su obra “Vida y costumbres de los indígenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX – presentadas en la biografía del indígena mapuche Pascual Coña”, escrita en dialecto mapuche y con su traducción al castellano.
Daniele Zambelli Franz
Traduccion y adaptacion al español: Mariano Roca


Comentarios
Saludos.
Luis
Pd: el texto es parte de un libro y el contenido es de libre interpretacion de la historia, sucesos e imaginacion del autor
Creo que más allá de los nacionalismos de antaño, la historia que cuenta nuestro amigo Daniele refleja la riqueza de una cultura aborigen que lamentablemente muchas veces quienes vivimos en estas tierras desconocemos.
Saludos.
tienes razon, el pueblo mapuche invadiò el suelo hoy argentino, y tuvieron que hacerlo porque los conquistadores gallegos los botaron de sus propias tierras. Este es solo un fragmento de mi libro "Exit Argentina", en otras paginas he explicado mejor cuando, como y porque los Mapuche tuvieron que marcharse. Me pareciò interesante hablar de los Mapuche en mi libro, que habla de emigraciòn, para tratar de demostrar que todos los pueblos, tarde o temprano, generan o han generado emigraciòn. Y me parece casi dramatico como las cosas cambien rapidamente, Gracias por la observacion, saludos
Daniele
Saludos cordiales.
ROBERTO.
sere muy feliz de mandarte mi libro, que por ahora solo ha salido en formato electronico. Pero ahora me encuentro en Peru y no tengo conmigo mi computadora. Pero cuande regrese a Cuenca, en Ecuador, si te voy a mandar el pdf.
Muchas gracias por tu interes
Daniele
Gracias
Saludos.
Solo puedo decir que conosco y tengo bastantes amigos Mapuches y conosco bastante de sus costumbres y acciones mas alla si el origen sea Chileno y hoy luchan por sus tierras sacadas y robadas primero por los Turcos y vendidas a colonos Ingleses, Italianos etc.
Cordialmente,
ROBERTO.
Realmente no entiendo porque atacas a Roberto. Lo conozco personalmente: es una persona exquisita, de una gran cultura, un caracter amable y para nada racista.
Tampoco entiendo que tienen que ver tus lamentelas contra las inclemencias climaticas; aqui en Trento tambien hacen 20 grados bajo cero o mas y nadie se ha muerto ni se lamenta. Tampoco que hayas vivido en esos climas te hace mas o menos "persona". Es una eleccion de vida. Si no te gusta el frio puedes ir a donde hace calor.
Cordiales saludos
Luis
Lo interezante seria que cada uno comente sin ofender al otro que no es mi espiritu, pero entede tambien que existen incoherencia en esa historia, en cuanto al clima con calefaccion como en el Trentino pueden hacer 50 grados bajo cero, que se esta bien. Espero que un dia de invierno llegues por la Patagonia y sepas lo que es el sufrimiento de vivir en un lugar asi (Junto a los Indios, però)
Cordiales saludos
Luis
Saludos cordiales,
ROBERTO.
me gustaria mandarte el pdf de mi libro Exit Argentina, asi que puedas tener una idea mas completa
si quieres mandame tu direccion de e mail a mi correo, danielezambelli franz
saludos
saldudos a todos
Daniele